Me llenaré la boca de piedritas
Demóstenes
No para ahogarme, sino mitad delfín, mitad
Pez martillo de aguas profundas
Cabalgar en las olas embestir contra los rompientes
Que erigen,
Machacar los impedimentos del poder e inundar
Sus torres corrompidas:
Me llenaré la boca de piedritas.
Pondré ortigas en mi lengua
Demóstenes
Y luego frustraré su retracción punzante. Ah,
Que me queme de los pies a la cabeza
Que en cada poro tenga sarpullidos
Para que marchite el poder del tirano
Con una descarga
Pondré ortigas en mi lengua.
¿Pero ha oído hablar del werepe
Demóstenes?
Ni siquiera toda su estoica calma puede apagar
Los abrasadores pelos de esa vaina infernal.
Hace que una reina corra desnuda por el mundo
Una comezón que le dice al mundo que su carne
Está putamente enferma:
Pondré werepe en todas las lenguas.
Pondré un poco de veneno de ratas en mi lengua
Demóstenes
Para picar a los roedores con el beso de la muerte.
Decidiré su destino en túneles oscuros y húmedos
Como habitaciones de sus rehenes
Privados de aire, privados de esa misma luz
Entre sus manos ahuecadas para sumergir su mundo
Pondré un poco de veneno de ratas en mi lengua.
Me meteré todos los dedos en la garganta
Demóstenes
Para sacarme un chorro de bilis y ahogar al mundo.
Está petrificado, Demóstenes, puras formas
Usurpan los corazones que conocíamos, puras raspaduras.
Este tartamudeo no se convierte en el mundo,
Esta lengua de millones fugitivos de la verdad:
Me meteré todos los dedos en la garganta.
Dejaré que pase la cicuta
Demóstenes
-Ah, no entre mis labios- he compartido
Su fina disolución en un sinnúmero de gargantas
De acuerdo con aquel sabio agnóstico.
No tartamudeaban como el mundo que dejaron
-Y yo sé por qué-
¡Sus vidas se consumieron con piedritas calientes
En sus lenguas Demóstenes!
Traducción de Nicolás Suescún
Friday, July 29, 2005
Más breve (León de Greiff)
No te me vas que apenas te me llegas,
leve ilusión de ensueño, densa, intensa flor viva.
Mi ardido corazón, para las siegas
duro es y audaz...; para el dominio, blando...
Mi ardido corazón a la deriva...
No te me vas, apenas en llegando.
Si te me vas, si te me fuiste...: cuando
regreses, volverás aún más lasciva
y me hallarás, lascivo, te esperando...
leve ilusión de ensueño, densa, intensa flor viva.
Mi ardido corazón, para las siegas
duro es y audaz...; para el dominio, blando...
Mi ardido corazón a la deriva...
No te me vas, apenas en llegando.
Si te me vas, si te me fuiste...: cuando
regreses, volverás aún más lasciva
y me hallarás, lascivo, te esperando...
Mi pobre amor se está yendo (León de Greiff)
Mi pobre amor se está yendo...
yo me quedaré llorando...
La lluvia, leve, cayendo;
una nube, allá, glisando...
Mi pobre amor se está yendo.
Lejos, muy lejos!,
soñandola dulce amada,
y tejiendosu ilusión, me va matando...
Mi pobre amor se está yendo...
¿Qué pasa, que nada entiendo?
Qué pena se va a acercando?
La lluvia, leve, cayendo...
Una nube, allá, glisando...
La dulce amada tejiendo
su ilusión, que voy matando!
Mi pobre amor se está yendo...
Yo me quedaré llorando!
Ulises (Pablo Montoya)
Pablo Montoya es un brillante escritor colombiano y este poema es extraído de su libro Viajeros.
Imagino a Ítaca como un cuenco de agua próximo a mi rostro cuarteado. Dispuesta a un deseo que guardo desde los días del gigantesco equino. Trato de saberla, mientras vago solitario bajo el sol de las sirenas, luminosa como los ojos de Telémaco, suave como la piel de quien teje la melancolía. Pero a veces es un espeso sueño entre mis sueños, donde la traición es el manto que se hilvana. Una trama de crímenes en mi contra, la fidelidad de un porquerizo, una esposa que reclama por la ausencia. Y yo, el astuto, el que conoce la morada de los muertos, el filo de este ponto insular, caminando por Ítaca, que se resiste a creer que sou Ulises, su hijo de siempre.
Imagino a Ítaca como un cuenco de agua próximo a mi rostro cuarteado. Dispuesta a un deseo que guardo desde los días del gigantesco equino. Trato de saberla, mientras vago solitario bajo el sol de las sirenas, luminosa como los ojos de Telémaco, suave como la piel de quien teje la melancolía. Pero a veces es un espeso sueño entre mis sueños, donde la traición es el manto que se hilvana. Una trama de crímenes en mi contra, la fidelidad de un porquerizo, una esposa que reclama por la ausencia. Y yo, el astuto, el que conoce la morada de los muertos, el filo de este ponto insular, caminando por Ítaca, que se resiste a creer que sou Ulises, su hijo de siempre.
Saturday, June 11, 2005
Poema de los dones (Borges)
Nadie rebaje a lágrima o reproche
esta declaración de la maestría
de Dios, que con magnífica ironía
me dio a la vez los libros y la noche.
De esta ciudad de libros hizo dueños
a unos ojos sin luz, que sólo pueden
leer en las bibliotecas de los sueños
los insensatos párrafos que ceden
las albas a su afán. En vano el día
les prodiga sus libros infinitos,
arduos como los arduos manuscritos
que perecieron en Alejandría.
De hambre y de sed (narra una historia griega)
muere un rey entre fuentes y jardines;
yo fatigo sin rumbo los confines
de esta alta y honda biblioteca ciega.
Enciclopedias, atlas, el Oriente
y el Occidente, siglos, dinastías,
símbolos, cosmos y cosmogonías
brindan los muros, pero inútilmente.
Lento en mi sombra, la penumbra hueca
exploro con el báculo indeciso,
yo, que me figuraba el Paraíso
bajo la especie de una biblioteca.
Algo, que ciertamente no se nombra
con la palabra azar, rige estas cosas;
otro ya recibió en otras borrosas
tardes los muchos libros y la sombra.
Al errar por las lentas galerías
suelo sentir con vago horror sagrado
que soy el otro, el muerto, que habrá dado
los mismos pasos en los mismos días.
¿Cuál de los dos escribe este poema
de un yo plural y de una sola sombra?
¿Qué importa la palabra que me nombra
si es indiviso y uno el anatema?
Groussac o Borges, miro este querido
mundo que se deforma y que se apaga
en una pálida ceniza vaga
que se parece al sueño y al olvido.
esta declaración de la maestría
de Dios, que con magnífica ironía
me dio a la vez los libros y la noche.
De esta ciudad de libros hizo dueños
a unos ojos sin luz, que sólo pueden
leer en las bibliotecas de los sueños
los insensatos párrafos que ceden
las albas a su afán. En vano el día
les prodiga sus libros infinitos,
arduos como los arduos manuscritos
que perecieron en Alejandría.
De hambre y de sed (narra una historia griega)
muere un rey entre fuentes y jardines;
yo fatigo sin rumbo los confines
de esta alta y honda biblioteca ciega.
Enciclopedias, atlas, el Oriente
y el Occidente, siglos, dinastías,
símbolos, cosmos y cosmogonías
brindan los muros, pero inútilmente.
Lento en mi sombra, la penumbra hueca
exploro con el báculo indeciso,
yo, que me figuraba el Paraíso
bajo la especie de una biblioteca.
Algo, que ciertamente no se nombra
con la palabra azar, rige estas cosas;
otro ya recibió en otras borrosas
tardes los muchos libros y la sombra.
Al errar por las lentas galerías
suelo sentir con vago horror sagrado
que soy el otro, el muerto, que habrá dado
los mismos pasos en los mismos días.
¿Cuál de los dos escribe este poema
de un yo plural y de una sola sombra?
¿Qué importa la palabra que me nombra
si es indiviso y uno el anatema?
Groussac o Borges, miro este querido
mundo que se deforma y que se apaga
en una pálida ceniza vaga
que se parece al sueño y al olvido.
El enamorado (Borges)
Lunas, marfiles, instrumentos, rosas,
lámparas y la línea de Durero,
las nueve cifras y el cambiante cero,
debo fingir que existen esas cosas.
Debo fingir que en el pasado fueron
Persépolis y Roma y que una arena
sutil midió la suerte de la almena
que los siglos de hierro deshicieron.
Debo fingir las armas y la pira
de la epopeya y los pesados mares
que roen de la tierra los pilares.
Debo fingir que hay otros. Es mentira.
Sólo tú eres. Tú, mi desventura
y mi ventura, inagotable y pura.
lámparas y la línea de Durero,
las nueve cifras y el cambiante cero,
debo fingir que existen esas cosas.
Debo fingir que en el pasado fueron
Persépolis y Roma y que una arena
sutil midió la suerte de la almena
que los siglos de hierro deshicieron.
Debo fingir las armas y la pira
de la epopeya y los pesados mares
que roen de la tierra los pilares.
Debo fingir que hay otros. Es mentira.
Sólo tú eres. Tú, mi desventura
y mi ventura, inagotable y pura.
Ausencia (Borges)
Habré de levantar la vasta vida
que aún ahora es tu espejo:
cada mañana habré de reconstruirla.
Desde que te alejaste,
cuántos lugares se han tornado vanos
y sin sentido, iguales
a luces en el día.
Tardes que fueron nicho de tu imagen,
músicas en que siempre me aguardabas,
palabras de aquel tiempo,
yo tendré que quebrarlas con mis manos.
¿En qué hondonada esconderé mi alma
para que no vea tu ausencia
que como un sol terrible, sin ocaso,
brilla definitiva y despiadada?
Tu ausencia me rodea
como la cuerda a la garganta,
el mar al que se hunde.
que aún ahora es tu espejo:
cada mañana habré de reconstruirla.
Desde que te alejaste,
cuántos lugares se han tornado vanos
y sin sentido, iguales
a luces en el día.
Tardes que fueron nicho de tu imagen,
músicas en que siempre me aguardabas,
palabras de aquel tiempo,
yo tendré que quebrarlas con mis manos.
¿En qué hondonada esconderé mi alma
para que no vea tu ausencia
que como un sol terrible, sin ocaso,
brilla definitiva y despiadada?
Tu ausencia me rodea
como la cuerda a la garganta,
el mar al que se hunde.
1964 (Borges)
I
Ya no es mágico el mundo. Te han dejado.
Ya no compartirás la clara luna
ni los lentos jardines. Ya no hay una
luna que no sea espejo del pasado,
cristal de soledad, sol de agonías.
Adiós las mutuas manos y las sienes
que acercaba el amor. Hoy sólo tienes
la fiel memoria y los desiertos días.
Nadie pierde (repites vanamente)
sino lo que no tiene y no ha tenido
nunca, pero no basta ser valiente
para aprender el arte del olvido.
Un símbolo, una rosa, te desgarra
y te puede matar una guitarra.
II
Ya no seré feliz. Tal vez no importa.
Hay tantas otras cosas en el mundo;
un instante cualquiera es más profundo
y diverso que el mar. La vida es corta
y aunque las horas son tan largas, una
oscura maravilla nos acecha,
la muerte, ese otro mar, esa otra flecha
que nos libra del sol y de la luna
y del amor. La dicha que me diste
y me quitaste debe ser borrada;
lo que era todo tiene que ser nada.
Sólo que me queda el goce de estar triste,
esa vana costumbre que me inclina
al Sur, a cierta puerta, a cierta esquina.
Ya no es mágico el mundo. Te han dejado.
Ya no compartirás la clara luna
ni los lentos jardines. Ya no hay una
luna que no sea espejo del pasado,
cristal de soledad, sol de agonías.
Adiós las mutuas manos y las sienes
que acercaba el amor. Hoy sólo tienes
la fiel memoria y los desiertos días.
Nadie pierde (repites vanamente)
sino lo que no tiene y no ha tenido
nunca, pero no basta ser valiente
para aprender el arte del olvido.
Un símbolo, una rosa, te desgarra
y te puede matar una guitarra.
II
Ya no seré feliz. Tal vez no importa.
Hay tantas otras cosas en el mundo;
un instante cualquiera es más profundo
y diverso que el mar. La vida es corta
y aunque las horas son tan largas, una
oscura maravilla nos acecha,
la muerte, ese otro mar, esa otra flecha
que nos libra del sol y de la luna
y del amor. La dicha que me diste
y me quitaste debe ser borrada;
lo que era todo tiene que ser nada.
Sólo que me queda el goce de estar triste,
esa vana costumbre que me inclina
al Sur, a cierta puerta, a cierta esquina.
Thursday, May 12, 2005
La melancolía de Durero
1º Parte.
(Extractos de…)
NARANJO. Jorge Alberto. Revista de Extensión Cultural Nº 21. Universidad Nacional de Colombia. Sede Medellín. 1986.
“Ficino estableció el punto de partida de la nueva concepción de la melancolía basado fundamentalmente en las teorías griegas de dignidad y heroísmo de la melancolía, de sublimidad del delirio mántico, y en la teoría latina de la majestad benévola de Saturno.
“La melancolía, salida del monasterio, ¿En qué se aplicaría?...Enrique de Gante, “alma gemela” de Pico de Mirandolla, sugirió que existen dos clases de pensadores, los filósofos, capaces de conceptos abstractos, y los matemáticos, cuya imaginación excede su poder cognoscitivo: “aceptan una demostración sólo en la medida en que su imaginación pueda seguirla…”. Por eso tales hombres son melancólicos, porque no pueden extender su pensamiento más allá de la ubicación y del espacio que le son los fundamentos de la matemática…
“La geometría se tornó así un “oficio de Saturno”, por vía indirecta, por sus lazos con la crónica melancolía. Pero también por vía directa, etimológica…En su sentido original, geometría es “partición de la tierra”. El antiguo dios de Gea supervisaba la recta medición de su criatura. Saturno se convirtió pues en le dios inspirador de la geometría y de las artes mecánicas que hacen uso de la geometría…
“Hay, según Agripa, tres clases de genios, todos ellos capaces de recibir las influencias de Saturno en forma bienhechora: “Además este humor melancholicus” tiene tal potencia que dicen que atrae a nuestro cuerpo a ciertos demonios, por cuya presencia y actividad los hombres caen en éxtasis y revelan muchas cosas maravillosas…Esto sucede en tres maneras diferentes en correspondencia con la triple capacidad del alma, es decir, la imaginación (imaginatio), la razón (ratio) y la mente (mens). Porque cuando el humor malancholicus la libera, el alma se concentra totalmente en la imaginación, e inmediatamente se convierte en morada de los demonios inferiores, de los cuales en muchos casos recibe maravillosas enseñanzas sobre las artes manuales; así vemos que un hombre sin gran habilidad se convierte de repente en pintor o arquitecto, o en un maestro sumamente notable de alguna otra arte; si los demonios de esta especie son reveladores del futuro, nos muestran cosas relacionadas con catástrofes y desastres naturales, por ejemplo la proximidad de tormentas, terremotos, trombas, o amenazas de peste, hambre y devastación…En cambio cuando el alma se concentra totalmente en la razón, es habitada por los demonios medios, mediante los cuales el hombre adquiere el conocimiento de las cosas naturales y humanas; así vemos cómo un hombre se convierte inesperadamente en filósofo, médico u orador; y sobre los acontecimientos futuros nos muestra lo relativo a la caída de los reinos y al regreso de las épocas, profetizando de la misma manera que la Sibila comunicaba profecías a los romanos…Y cuando el alma vuela muy alto , enteramente hacia el intelecto, es habitada por los demonios más altos, de los cuales aprende los secretos de las cosas divinas, como por ejemplo la ley de Dios, la jerarquía angélica y lo relativo a las cosas eternas y a la salvación del alma: acerca de los acontecimientos futuros nos comunican por ejemplo que va a suceder un prodigio o una maravilla que va a venir un profeta o que va a surgir una nueva religión, tal como la Sibila profetizó la venida de Jesucristo mucho antes de que éste apareciera”.
“El renacimiento transformó la noción de la melancolía hasta hacerla parecer un don divino. Melancólicos fueron llamados Leonardo, Miguel Ángel, Rafael, Durero; melancólicos se llamaron Ficino, Pico, Lorenzo el Magnífico; melancólico se consideró Garcilaso de la Vega…
“El Renacimiento dio alas a la melancolía, para transformar los síntomas y tendencias melancólicos en obras y contemplaciones, la pérdida de contacto con los hombres en culto de la Humanitas y las cosas del Hombre, la fuga hacia el desierto en encuentro con las leyes de la naturaleza, el Dolor en Preñez. Isidorianamente – y aún, como veremos, freudianamente – la melancolía surge en la extrañeza del padre; es orfandad de Júpiter, regresión a un mundo caníbal y autodevorador … Por la melancolía se hace imperioso que el hombre escoja entre sus propias posibilidades, “maestro de su propio destino” más que ejecutor de la voluntad del padre. Los dos abismos, el de la imbecilidad y el de la manía, deben vivirse e interpretarse como los dos extremos de la duda de sí y de la afirmación de sí.
“A medida que llega el conocimiento crece la angustia, y más y más se melancoliza el hombre mientras más verdadero y perfecto conocimiento adquiere de su condición” –
escribe un poeta francés al comenzar el siglo XV.
(Extractos de…)
NARANJO. Jorge Alberto. Revista de Extensión Cultural Nº 21. Universidad Nacional de Colombia. Sede Medellín. 1986.
“Ficino estableció el punto de partida de la nueva concepción de la melancolía basado fundamentalmente en las teorías griegas de dignidad y heroísmo de la melancolía, de sublimidad del delirio mántico, y en la teoría latina de la majestad benévola de Saturno.
“La melancolía, salida del monasterio, ¿En qué se aplicaría?...Enrique de Gante, “alma gemela” de Pico de Mirandolla, sugirió que existen dos clases de pensadores, los filósofos, capaces de conceptos abstractos, y los matemáticos, cuya imaginación excede su poder cognoscitivo: “aceptan una demostración sólo en la medida en que su imaginación pueda seguirla…”. Por eso tales hombres son melancólicos, porque no pueden extender su pensamiento más allá de la ubicación y del espacio que le son los fundamentos de la matemática…
“La geometría se tornó así un “oficio de Saturno”, por vía indirecta, por sus lazos con la crónica melancolía. Pero también por vía directa, etimológica…En su sentido original, geometría es “partición de la tierra”. El antiguo dios de Gea supervisaba la recta medición de su criatura. Saturno se convirtió pues en le dios inspirador de la geometría y de las artes mecánicas que hacen uso de la geometría…
“Hay, según Agripa, tres clases de genios, todos ellos capaces de recibir las influencias de Saturno en forma bienhechora: “Además este humor melancholicus” tiene tal potencia que dicen que atrae a nuestro cuerpo a ciertos demonios, por cuya presencia y actividad los hombres caen en éxtasis y revelan muchas cosas maravillosas…Esto sucede en tres maneras diferentes en correspondencia con la triple capacidad del alma, es decir, la imaginación (imaginatio), la razón (ratio) y la mente (mens). Porque cuando el humor malancholicus la libera, el alma se concentra totalmente en la imaginación, e inmediatamente se convierte en morada de los demonios inferiores, de los cuales en muchos casos recibe maravillosas enseñanzas sobre las artes manuales; así vemos que un hombre sin gran habilidad se convierte de repente en pintor o arquitecto, o en un maestro sumamente notable de alguna otra arte; si los demonios de esta especie son reveladores del futuro, nos muestran cosas relacionadas con catástrofes y desastres naturales, por ejemplo la proximidad de tormentas, terremotos, trombas, o amenazas de peste, hambre y devastación…En cambio cuando el alma se concentra totalmente en la razón, es habitada por los demonios medios, mediante los cuales el hombre adquiere el conocimiento de las cosas naturales y humanas; así vemos cómo un hombre se convierte inesperadamente en filósofo, médico u orador; y sobre los acontecimientos futuros nos muestra lo relativo a la caída de los reinos y al regreso de las épocas, profetizando de la misma manera que la Sibila comunicaba profecías a los romanos…Y cuando el alma vuela muy alto , enteramente hacia el intelecto, es habitada por los demonios más altos, de los cuales aprende los secretos de las cosas divinas, como por ejemplo la ley de Dios, la jerarquía angélica y lo relativo a las cosas eternas y a la salvación del alma: acerca de los acontecimientos futuros nos comunican por ejemplo que va a suceder un prodigio o una maravilla que va a venir un profeta o que va a surgir una nueva religión, tal como la Sibila profetizó la venida de Jesucristo mucho antes de que éste apareciera”.
“El renacimiento transformó la noción de la melancolía hasta hacerla parecer un don divino. Melancólicos fueron llamados Leonardo, Miguel Ángel, Rafael, Durero; melancólicos se llamaron Ficino, Pico, Lorenzo el Magnífico; melancólico se consideró Garcilaso de la Vega…
“El Renacimiento dio alas a la melancolía, para transformar los síntomas y tendencias melancólicos en obras y contemplaciones, la pérdida de contacto con los hombres en culto de la Humanitas y las cosas del Hombre, la fuga hacia el desierto en encuentro con las leyes de la naturaleza, el Dolor en Preñez. Isidorianamente – y aún, como veremos, freudianamente – la melancolía surge en la extrañeza del padre; es orfandad de Júpiter, regresión a un mundo caníbal y autodevorador … Por la melancolía se hace imperioso que el hombre escoja entre sus propias posibilidades, “maestro de su propio destino” más que ejecutor de la voluntad del padre. Los dos abismos, el de la imbecilidad y el de la manía, deben vivirse e interpretarse como los dos extremos de la duda de sí y de la afirmación de sí.
“A medida que llega el conocimiento crece la angustia, y más y más se melancoliza el hombre mientras más verdadero y perfecto conocimiento adquiere de su condición” –
escribe un poeta francés al comenzar el siglo XV.
Recorriéndote (Gioconda Belli)
Quiero morder tu carne,
salada y fuerte,
empezar por tus brazos hermosos
como ramas de ceibo,
seguir por ese pecho con el que sueñan mis sueños
ese pecho-cueva donde se esconde mi cabeza
hurgando la ternura,
ese pecho que suena a tambores y vida continuada.
Quedarme allí un rato largo
enredando mis manos
en ese bosquecito de arbustos que te crece
suave y negro bajo mi piel desnuda
seguir después hacia tu ombligo
hacia ese centro donde te empieza el cosquilleo,
irte besando, mordiendo,
hasta llegar allí
a ese lugarcito
-apretado y secreto-
que se alegra ante mi presencia
que se adelanta a recibirme
y viene a mí
en toda su dureza de macho enardecido.
Bajar luego a tus piernas
firmes como tus convicciones guerrilleras,
esas piernas donde tu estatura se asienta
con las que vienes a mí
con las que me sostienes,
las que enredas en la noche entre las mías
blandas y femeninas.
Besar tus pies, amor,
que tanto tienen aun que recorrer sin mí
y volver a escalarte
hasta apretar tu boca con la mía,
hasta llenarme toda de tu saliva y tu aliento
hasta que entres en mí
con la fuerza de la marea
y me invadas con tu ir y venir
de mar furioso
y quedemos los dos tendidos y sudados
en la arena de las sábanas.
salada y fuerte,
empezar por tus brazos hermosos
como ramas de ceibo,
seguir por ese pecho con el que sueñan mis sueños
ese pecho-cueva donde se esconde mi cabeza
hurgando la ternura,
ese pecho que suena a tambores y vida continuada.
Quedarme allí un rato largo
enredando mis manos
en ese bosquecito de arbustos que te crece
suave y negro bajo mi piel desnuda
seguir después hacia tu ombligo
hacia ese centro donde te empieza el cosquilleo,
irte besando, mordiendo,
hasta llegar allí
a ese lugarcito
-apretado y secreto-
que se alegra ante mi presencia
que se adelanta a recibirme
y viene a mí
en toda su dureza de macho enardecido.
Bajar luego a tus piernas
firmes como tus convicciones guerrilleras,
esas piernas donde tu estatura se asienta
con las que vienes a mí
con las que me sostienes,
las que enredas en la noche entre las mías
blandas y femeninas.
Besar tus pies, amor,
que tanto tienen aun que recorrer sin mí
y volver a escalarte
hasta apretar tu boca con la mía,
hasta llenarme toda de tu saliva y tu aliento
hasta que entres en mí
con la fuerza de la marea
y me invadas con tu ir y venir
de mar furioso
y quedemos los dos tendidos y sudados
en la arena de las sábanas.
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